Hace días Alèxia me entrevistó para la elaboración de un trabajo que está realizando sobre el uso de la bicicleta urbana en Lleida.

Una de las preguntas era: ¿crees que las mujeres usan menos la bicicleta y por qué? Y aquello me hizo dudar, ¿cómo que la usan menos? Yo veo a muchas mujeres en bici. Ante esa duda me empecé a fijar y a realizar mi propia estadística del uso de bici por sexos, contando a las mujeres y hombres que me encontraba en el trayecto diario que hago para ir a trabajar. Los números cantan, los hombres casi nos duplican.

Foto de la massa crítica del setembre

Foto de la masa crítica de setiembre

Cuando se inventó la bicicleta a principio de 1800 las mujeres encontraron en este vehículo la libertad de poder viajar fuera de casa por sus propios medios obteniendo más independencia. Además el montar en bicicleta requirió ropas más prácticas lo que, en poco tiempo, supuso un gran impulso en el cambio de las vestimentas femeninas.

Una de las más conocidas feministas estadounidenses, Elizabeth Cady Stanton escribió que la bicicleta era una herramienta que motivaba a las mujeres a ganar fuerza y asumir un número mayor de roles en la sociedad, mientras otra conocida promotora de los derechos de la mujer, Susan B. Anthony, declaró en 1896: “Déjeme decirle lo que pienso de montar en bicicleta. Creo que ha hecho más por emancipar a las mujeres que nada en el mundo. Me paro y me regocijo cada vez que veo a una mujer paseando sobre ruedas”. Así, la historia de la bicicleta ha estado íntimamente ligada a la del feminismo.

A finales del siglo XIX la bicicleta se había popularizado tanto que el aparato médico victoriano, perplejo ante tanta revolución, se puso en marcha para encontrarle los defectos forjando lo que se conocería como el síndrome de “cara de bicicleta”. Aunque este podía afectar a todo el mundo, era especialmente propio en las mujeres y aglutinaba un sinfín de síntomas causados por el esfuerzo de mantener el aparato en equilibrio. Los más característicos eran unos ojos desorbitados y la mandíbula apretada que generaban una contorsión en la cara (de ahí el nombre “cara de bicicleta”) pero las consecuencias de “montar corceles de acero” (la simbología es infinita) podían llegar a ser mucho más severas causando graves dolores de cabeza, desfallecimientos, depresión y, cómo no, aumento de la libido.
Aún así, la “cara de bicicleta” no frenó la expansión de su uso y siguió contribuyendo a su emancipación, erigiéndose como un símbolo de fortaleza inaudito en la reprimida sociedad victoriana. Mujeres montadas en corceles de acero. ¡Toda una revolución!

Els terribles efectes d'anar en bicicleta

Los terribles efectos de ir en velocípedo

Aunque lejos del furor sufragista y ciclista, la bicicleta también hizo mella en nuestro país. No hace tanto tiempo nuestras madres y abuelas bajaban del pueblo en bicicleta, vestidas para el baile del domingo y zapatos de tacón en mano, claramente desprevenidas de la posibilidad de sufrir ‘cara de bicicleta’. Y luego volvían puntualmente a subir hasta el pueblo, no sin antes recoger las alpargatas que habían escondido en unos arbustos.

Si para las feministas de la época la bicicleta fue un símbolo de libertad y empoderamiento, hoy en día el uso de la bicicleta ha demostrando ser un medio de transporte practico, económico, eficiente y saludable y cada vez más gente está apostando por él. Puesto que las mujeres hacen de promedio desplazamientos más cortos y son las que más utilizan el transporte público, la bicicleta parecería ser el transporte ideal para nosotras.

Cabría preguntarse entonces por qué en Lleida las mujeres usan menos la bicicleta que los hombres. Esperemos que el estudio de Alèxia arroje un poco de luz sobre este asunto pero por el momento todo lo que podemos decir es que algunos expertos afirman que para medir el grado de integración de la bicicleta en una ciudad se usa como marcador el uso equitativo de la bici entre hombres y mujeres. Entonces puede ser que Lleida no esté aún preparada para ello ¿habrá que esperar a que el ayuntamiento apueste por adecuar la ciudad para un uso seguro y eficiente de la bici? Ya hace mucho que esperamos. A veces el cambio viene de la bicicleta.

Así que, no esperéis, usad la bici, cuando lo probéis diréis aquello de “No sin mi bici” (y quién sabe, a lo mejor podéis disfrutar de alguno de los síntomas de la ‘cara de bicicleta’).

Una dona i la seva filla davant del rectorat de la Universitat de Lleida

Una mujer y su hija enfrente del rectorado de la Universidad de Lleida

 

Autoras: Alèxia y Raquel

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